SERENDIPIA DOMINICAL – Columna de la escritora española Mónica Miquel Nieto – Encuéntrala cada domingo en el portal web (escritoresrebeldes.com) y en las redes sociales de Escritores Rebeldes
SERENDIPIA DOMINICAL
ESCLAVOS DEL SISTEMA
Por: Mónica Miquel Nieto (Barcelona – España)
Correo electrónico: mmiquelnieto@gmail.com
Somos esclavos del sistema, un sistema injusto que da más a los que más tienen y quita más a los que carecen de todo, un sistema que nos roba horas de luz, horas de vida, por nuestro bien. Y nos dicen que no puede ser de otro modo.

En esa columna de opinión pretendo mostrar los fallos inherentes a nuestra forma artificial de vida y, como siempre, proponer algunas posibles soluciones.
Una organización social donde la conciliación familiar es un sueño irrealizable. Y nos aseguran que la familia es lo más importante.
Vivimos en un mundo que no acepta errores de sus esclavos, cuando el mayor error es el propio sistema.
Somos números, meros consumidores alienadospor algoritmos, entretenidos con el endiosado fútbol y las plataformas televisivas, engañados por los medios de comunicación interesados.
Un mundo en el que la justicia obedece al poder y a la economía. No es ciega ni justa. Solo acaban penando los de siempre, los débiles, los ignorados por el sistema. En cambio, los grandes delincuentes prácticamente no llegan a pisar la cárcel o les adaptan su estancia en ella para que no sufran. La justicia se convierte entonces en otra herramienta más de control social, de perpetuación de las desigualdades. Justicia al servicio de unos pocos afortunados, hijos de otros que también lo son.
Y, por si eso fuera poco, ahora se ataca de forma desmesurada y sin ningún tipo de reparo a la educación pública, prácticamente la única capaz de difuminar la desigualdad social y de generar igualdad de oportunidades para todos.
Una sociedad que no prima ni sanidad ni educación, tan solo sueldos exorbitados de políticos, los cuales se insultan y amenazan entre ellos, en lugar de intentar resolver los problemas acuciantes de nuestra sociedad. Se trata de personas sin conciencia, en su mayoría, que mudaron sus valores y los vistieron de negro, negro petróleo o verde billete.
En este mundo no se vive, se sobrevive. Por no tener, no tenemos ni acceso digno a la vivienda. Se expulsa a los ancianos de sus hogares y se fomentan los pisos turísticos para personas con elevado poder adquisitivo. Los jóvenes no pueden ni comprar ni alquilar una vivienda y, los pocos pisos públicos que se construyen, son repartidos entre algunos políticos y sus amigos. Favores que deben, favores que pagan.
¿Y nosotros, la población general, los eternos damnificados, qué hacemos? Nada.
Seguimos vitoreando a nuestro equipo de fútbol en el mundial, consumiendo sin mesura, corriendo hacia ningún lugar, sin quejarnos ni pensar.
Los gobiernos, de forma inteligente, nos ofrecen alguien a quién odiar, a quién culpar de todos nuestros males. Normalmente se trata de los más inocentes, personas a las que la vida ha tratado mal y llegan a nuestros países para intentar ganarse la vida. Se menosprecia al que viene de fuera huyendo de la guerra o del hambre y la pobreza, jugándose la vida en el camino, dejando a sus familias tras de sí.
Somos meros esclavos de un sistema que nos dice que todo lo hace por nuestro bien. Una forma de vida que devora nuestros días, uno tras otro, nos distrae y entretiene, nos satura con noticias de corrupción, guerras, catástrofes naturales, debates de tertulianos con la misma opinión, ofertas de compra de objetos inútiles, innecesarios, pero que nos hacen creer que son indispensables.
Y cada día la cesta de la compra nos sale más cara. Buscan excusas para justificarlo. Las van cambiando para hacerlas más creíbles.
Y seguimos nadando en la inmundicia, sacando la cabeza del mar de estímulos en el que nos encontramos, respirando con dificultad.
Nos ocultan la verdad, mientras destruyen nuestro planeta. Hablan y hablan de lo que se podría hacer para evitarlo, pero no lo hacen. Todo se pospone, procrastinando soluciones viables por mero interés económico de una élite a la que el futuro no interesa, tan solo el presente y su propio beneficio inmediato. Y la Tierra es el único planeta en el que podemos vivir.
Y callamos, y seguimos, bajando la cabeza y dando las gracias por no estar peor que nuestros vecinos.
Fomentan el odio hacia los que alzan la voz y reivindican mejoras. Nos los muestran como seres egoístas a los que culpar de los problemas de nuestras míseras vidas, de nuestro fracaso existencial.
Vivimos en una sociedad en que se valora a las personas por su utilidad, a no ser que estén gobernando. Los niños no importan y los viejos molestan. Pero todos hemos sido niños. Los niños son el futuro. Además, todos seremos viejos algún día. Deberíamos valorar a nuestros mayores y no convertirlos en meros canguros de nuestros nietos. La vejez es una etapa hermosa de la vida si nos dejan vivirla dignamente.
La educación y la sanidad deberían ser prioritarias y gratuitas en todos los países del mundo. Se supone que pagamos impuestos para eso.
Otra cosita, los impuestos. ¿Cómo puede ser que los que más tienen sean los que menos pagan porque son los únicos que tienen posibilidad de desgravar? Es ilógico, pero generalizado en muchos países, aunque suela disfrazarse como una recaudación justa.
En fin, podría nombrar muchos otros problemas sociales que nos afectan, pero, siguiendo mi esquema, ahora me gustaría proponer algunas soluciones.
Empezaré por el poder. Deberían establecerse leyes de transparencia y anticorrupción en todos los países. Si algún partido las incumple, no debería poder volver a presentarse a unas elecciones.
Por otro lado, cualquier ex político no debería trabajar ni como consejero ni como asesor de grandes compañías privadas.
Los políticos en activo no deberían aceptar regalos de otros mandatarios ni colocar a sus familiares en puestos de responsabilidad.
Las obras deberían adjudicarse por concurso público y de forma totalmente transparente.
En cuanto a la justicia, debe ser totalmente independiente del poder político. Los jueces que no cumplan deberían ser retirados de su cargo. Las penas por corrupción o tráfico de influencias deberían ser mayores.
Respecto a los problemas de seguridad ciudadana, cada vez mayores, opino que podrían resolverse si se endurecieran las penas, sobre todo en caso de reincidencia o crímenes violentos.
Una sociedad útil y justa debería cuidar, y mucho, su educación y sanidad públicas e invertir lo necesario para asegurar una buena calidad educativa y asistencial.
Si hablamos de vivienda, en nuestra Constitución existe el derecho a una vivienda digna y, desgraciadamente, no se está cumpliendo. Deben construirse muchas más viviendas subvencionadas por el Estado y expulsar a los fondos buitre de nuestras ciudades. Es viable legislar para conseguirlo. Si no se hace, es porque existen intereses ocultos que no benefician en absoluto al ciudadano de a pie.
Otro problema a tener en cuenta es el de nuestros ancianos. Si existiera conciliación familiar no se verían obligados a ejercer de cuidadores de sus nietos. Deben cambiarse los horarios laborales. Nuestro horario laboral debería permitirnos ejercer como padres y madres, sin necesidad de llenar el horario de nuestros hijos con múltiples actividades. Los niños necesitan poder disfrutar de tiempo de calidad con sus progenitores.
Si nos referimos a los cuidados de nuestros mayores y enfermos crónicos, debería cumplirse a rajatabla la ley de dependencia, la cual asegura unos cuidados adecuados a personas que ya no pueden valerse por sí mismas. Además, si los horarios laborales mejoraran, los mismos hijos podrían compartir esos cuidados tan merecidos por los que nos han dado la vida y nos han enseñado a vivir. ¡Qué menos que concederles una vejez digna!
También relacionado con el tema de los horarios está el dichoso cambio de hora, que nos obligan a realizar cada año. Nos impiden ajustar nuestro reloj biológico a las horas de luz, que sería lo más natural y saludable. Esto origina problemas de estrés, cansancio y falta de sueño en las personas, porque, como siempre, se prioriza la economía a la salud y el bienestar de la población. La solución, fácil: Nos despertamos con el sol y nos vamos a descansar cuando se va. Lo mismo que hacían nuestros antepasados en la época de las cavernas. ¡Y bien les iba!
Hablemos ahora de la famosa declaración de la renta. Hacienda somos todos. Se debería recaudar de acuerdo al poder adquisitivo de cada uno. Nada de desgravar por mil y una circunstancias. Los que somos pobres, ni podemos ahorrar ni desgravar. Es un sistema injusto que debe cambiarse.
Por otro lado, la gestión de nuestros impuestos deja mucho que desear. Millones perdidos en subvenciones opacas a innumerables fundaciones. Derroche de recursos en cosas que no nos ayudan a vivir mejor.
En ese sentido, me parece deplorable que se haya aumentado el gasto en defensa en detrimento de otras muchas cosas que la población necesita de forma urgente. Las guerras nunca han tenido vencedores ni vencidos; desde mi punto de vista, pierden todos, porque se pierden vidas humanas y se destruye el entorno y el futuro de millones de personas. Las guerras solo favorecen a unos pocos que, casualmente, no son los que pisan el campo de batalla.
A veces imagino a los poderosos como a los antiguos dioses del Olimpo, jugando con nosotros como si fuéramos sus títeres. Es muy triste e injusto el tiempo que nos ha tocado vivir.
Desde mi punto de vista, se debería priorizar el estado del bienestar, ya que, en teoría, es para poder vivir en condiciones por lo que se supone que pagamos impuestos.
Por otro lado, hablando de ayudas sociales, deben darse pero a cambio de alguna labor social (cuidado de personas mayores, limpieza de bosques para evitar incendios, etc.) y solamente a personas que cumplan las leyes del país que habiten.
No quiero olvidar el exprimido sector primario. Los pobres agricultores, ganaderos o pescadores que trabajan mucho y cobran poco, porque, en su caso, se enriquecen los intermediarios y no ellos, que son los que ejercen la labor más ardua y difícil. Se les debería pagar de forma justa y concederles las ayudas necesarias. Es una forma de contaminar menos (al favorecer el comercio de proximidad) y de cuidar el territorio.
Dejémoslo aquí por ahora. Tampoco vamos a arreglar el mundo en dos días. Espero que os haya gustado mi carta a los Reyes Magos. Al menos, me gustaría que os hubiera hecho reflexionar al respecto, estéis o no de acuerdo con mis planteamientos y sugerencias de mejora.
Me despido, esta vez, con algunas frases célebres relacionadas con la sociedad:
1.El hombre nace libre, pero en todos lados está encadenado — Jean-Jacques Rousseau (filósofo).
2.Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de lucha de clases — Karl Marx (sociólogo).
3.La sociedad, tal como la hemos constituido, no tendrá sitio para mí — Oscar Wilde (escritor).
4.La sociedad está bien ordenada cuando los ciudadanos obedecen a los magistrados, y los magistrados a las leyes — Platón (filósofo).
5.A una colectividad se le engaña siempre mejor que a un hombre — Pío Baroja (novelista).
6.En su lucha contra el individuo, la sociedad tiene tres armas: ley, opinión pública y conciencia. —William Somerset Maugham (1874-1965) Escritor británico.
7.Las verdaderas columnas de la sociedad son la verdad y la libertad. —Henrik Johan Ibsen (1828-1906) Dramaturgo noruego.
8.La sociedad está dividida en dos grandes clases: la de los que tienen más comida que apetito y la de los que tienen más apetito que comida. —Chamfort (1741-1794) Académico francés.
9.Las sociedades no mueren de la cúspide a la base, sino de la base a la cúspide. —Henry George (1839-1897) Economista inglés.
10.No buscamos la sociedad por amor a ella misma, sino por los honores o los beneficios que puede reportarnos. —Thomas Hobbes (1588-1679) Filósofo y tratadista político inglés.
Os espero el próximo domingo en esta, vuestra Serendipia dominical. Sed felices.
MÓNICA MIQUEL NIETO (BARCELONA – ESPAÑA)
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Mi nombre es Mónica Miquel Nieto, mujer de 55 años, residente en Barcelona, escritora y poetisa.
Toda mi vida he sido una lectora empedernida, de todo tipo de libros, pero sobre todo de novela histórica, novela fantástica y poesía.
De pequeña gané algunos certámenes literarios y ahí quedó todo. No he dejado de escribir nunca, pero no fue hasta el confinamiento causado por la pandemia de Covid-19, cuando decidí intentar publicar mis
Obras.
Escribí a algunas editoriales hasta que, finalmente, la Editorial Alvi Books confió en mis posibilidades y se arriesgó a publicar 5 de mis obras. Al ser una persona absolutamente desconocida, es algo que les
agradeceré siempre.
Por el momento, han sido publicadas seis antologías, tanto de poesía como de relatos, donde podéis encontrar algunas de mis obras, junto con las de otros maravillosos autores.
Participo en algunos grupos literarios de Facebook y he publicado en algunas revistas (Escritores Rebeldes, Las Alas del Cóndor, CLIVAR, Netrazol Literary Magazine, Pansélinos, Azahar, Escritores…).
También se han escuchado mis poemas y fragmentos de mis obras en programas radiofónicos, como por ejemplo en La hora de la verdad de TuradioValencia.com, La Enamorada Radio o Radio Alfa Omega de Mexico.
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Mi intención es darme a conocer y conseguir lectores para mis obras publicadas.
No dejaré de escribir, porque para mí el hecho de hacerlo, es tanto una necesidad como un placer.
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